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junio 16, 2005

Un hombre sin religión es como un pez sin bicicleta

Jesús, Buddha, Krishna... ¿qué tienen en común? Varias cosas, claro está. Como que medían menos de un metro setenta, por ejemplo. Pero hay otra coincidencia que me parece importante traer a colación hoy, y es la de que jamás dejaron testimonio escrito de sus enseñanzas. ¿No es aquello un error de proporciones? Digo... dejar en manos de los discípulos la estructuración del marketing de la franquicia (cristianismo, budismo, harekrishnaísmo) es un olvido inexplicable. Pues no. Hay una explicación clara y sencilla: sencillamente no querían dejar nada escrito.

Vamos por partes. ¿Porqué dedicaría Jesús 3 años a predicar en un par de pueblos y dejaría al azar la labor evangélica en el resto del mundo? ¿Podrá ser, me pregunto, debido a que la transmisión del mensaje -sea cual fuere- sólo podía ser llevada a cabo en persona? ¿Podrá ser también porque un testimonio escrito será, inevitablemente, malinterpretado según la evolución natural de las lenguas, más aún después de traducido?

Los profetas, todos ellos tipos bastante macanudos, estaban claramente conscientes de estos inconvenientes, al punto que ellos mismos eran revolucionarios respecto del concepto de religión. Jesús discrepaba de la manera judía de adorar a dios (me tendrán que perdonar que lo escriba con minúscula, pero se me acaba de echar a perder el teclado), pero nunca dejó de ser judío. Buddha se rebeló contra el sistema de castas hindú. Y Krishna le enrostró a Arjuna su mala interpretación de lo que debía ser el camino correcto de la acción. De esto no se desprende que alguno de ellos quisiese formar una nueva religión (¡dios nos libre de ello!). Es más, una religión no se fundamenta sobre la figura de un profeta, sino sobre la figura de un libro, que es lo mismo que decir dogma. Y el hecho concreto es que estos profetas ¡no escribieron nada!

Otro hecho interesante es notar cómo los discípulos que decidieron dejar un legado escrito y establecer los cimientos de cada religión (condenando a sus maestros a cargar con la culpa de fundar una religión de la cual ellos mismos preferirían no formar parte) no eran precisamente los más aventajados. Esto es fácil de explicar: eran éstos los seguidores que jamás entendieron bien el mensaje. Además todo lo hicieron una vez muerto el profeta, con lo cual éste no tenía ni siquiera la posibilidad de sacarlos de su error. Los discípulos que sí entendieron algo, por su parte, predicaron nada más que con su ejemplo, sin enrostrarle nada a nadie, sin juzgar a nadie, orando en sus casas, meditando en el bosque... en resumidas cuentas, sin ser unos hinchapelotas.

Con todo, el Nuevo Testamento, el Sutra del Diamante y el Bhagavad Gita no son tan nefastos en sí (lo es tan sólo esa humana habilidad de transformarse en esclavo de un texto). Es más, son muy enriquecedores, siempre y cuando uno tenga estudios de historia y rudimentos de griego, pali o sánscrito. Entonces se me ocurre la pregunta: ¿qué son las religiones? Y me respondo: nada más que un malentendido. Y mientras esperamos que vuelva el mesías a sacar a tantos de su error (quienes, por lo demás, difícilmente reconozcan al susodicho), hay que armarse de paciencia, aguantar los cánticos y prédicas a viva voz en lugares públicos, las visitas inopinadas de la armada proselitista de turno, y responderles, simplemente: "sí, hermano, alabado sea dios".

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